Crítica: El primer día del resto de tu vida

Cartel

La familia, el paso del tiempo, los conflictos personales, las inquietudes existenciales, los lazos, la independencia, la vida, la muerte… todo tiene cabida en esta película, segundo largometraje del realizador francés Rémi Bezançon.

SENSIBILIDAD Y REALIDAD TINTADAS DE PERSONALIDAD Y A RITMO DE CANCIÓN

Le premier jour du reste de ta vie retrata la vida de una familia a lo largo de doce años, representados por cinco días, cada uno de ellos clave para un miembro del clan. Albert, el hermano mayor, decide independizarse, viviendo para el futuro; Fleur, la pequeña, lucha por salir de su papel de niña sobreprotegida, deseando hacerse mayor; Marie-Jeanne, la madre, vive nostálgicamente en un duelo contra el paso del tiempo, añorando la juventud perdida; Raph, el hijo mediano, juega el rol excéntrico, enmarcado en una existencia atemporal que no contempla el futuro; y Robert, el padre, simplemente vive el presente, disfrutando del día a día que envuelve a la familia.

De esta manera, Bezançon, de una sutilidad y sensibilidad exquisitas, construye una narración que parte de un mismo punto, la familia, para extenderse hacia una gran variedad de temas, a través de cinco protagonistas de igual importancia. Como el mismo director ha comentado, en el film se dibuja una estrella de cinco puntas: a través del núcleo familiar se construye la individualidad, que florece del centro y se extiende hacia su propio camino; la familia determina, pero cada individuo se establece como un ente unitario, que evoluciona y siente distintamente. Se muestran, pues, cinco maneras de ver la vida, cinco formas de tratar con el tiempo a través de cinco personalidades distintas que siguen unidas por lazos invisibles de atracción; aunque sumamente diferentes y muchas veces sin posibilidad de entendimiento (a causa del salto generacional o bien del enfoque vital: madre e hija buscan objetivos contrapuestos, los dos hermanos varones viven de cara a tiempos opuestos – pasado y futuro –, mientras que el padre es el único que se enmarca realmente en el momento presente), siempre hay un lazo que los une y los atrae hacia un mismo punto: la familia.

Así, la película explica la vida tal y como es, sin forzar chistes absurdos que rompan la tensión (aunque con algunos momentos de gran comicidad) y sin miedo a enfocar todos los temas (drogas, muerte…), tratándolos con absoluta naturalidad, porque, al fin y al cabo, c’est la vie.
Constituye, pues, una tragicomedia, donde se entrelazan la dureza de la realidad con los puntos más cómicos, lo mejor y lo peor… como la vida misma.

A nivel formal, a través de los personajes se establece una estructura fílmica original y dinámica en cinco piezas, las cuales constituyen cinco capítulos de un mismo libro (el libro familiar) o cinco pistas de un mismo CD (puesto que el montaje se desarrolla a ritmo musical). Cada una de ellas se inicia con un título, cuyo grafismo queda perfectamente integrado en el transcurso de la cinta, y tiene su propio punto de vista, su propio protagonista, sin dejar nunca de lado el resto de personajes, puesto que todos interfieren y resultan importantes en el entramado del día.

Además, cada uno de los capítulos tiene un trabajo de realización personalizado y adecuado al personaje a tratar; el número cinco, tan recurrente en la película, se establece también en la planificación en cinco maneras distintas de filmar: un ángulo abierto para remarcar distancias en el caso de Albert, la cercanía del steadycam (cámara atada al cuerpo) para Fleur, la intimidad de fondos borrosos que ofrecen las lentes de gran longitud en el caso de la madre, un estabilizador de imagen ligeramente movido análogo al personaje de Raph y la atmósfera tranquila de luz clara y líneas difusas propias de la pintura para Robert, el padre. Todos estos detalles de carácter más técnico pueden pasar desapercibidos en el consciente del espectador pero no escapan a su captación a través de los sentidos; es algo que sutilmente se siente, se transmite.

Así, el absoluto cuidado del mínimo detalle (destacando también la atención cronológica y social del paso del tiempo que se explica, la escenografía, el contexto histórico, la banda sonora, la interpretación de los actores, el hecho de usar metáforas visuales para contar los hechos y no dárselo todo masticado al espectador, etc.) y la gran riqueza de la cinta parecen justificar su buena acogida, tanto a nivel de público como académico, donde es necesario resaltar sus nueve nominaciones a los premios César, obteniendo tres de ellos (por mejor actor y actriz novel, y por mejor montaje).

En definitiva, nos hallamos ante una película que facilita la identificación en el público, ya que es cercana e íntima en cuánto a la temática que trata y en ella se representa un personaje tipo de cada generación, y también ante una cinta original a nivel técnico y formal, de grafismo y fotografía trabajados, y de ritmo y banda sonora dinámicos.

Lo mejor: la suma de sus diferentes ingredientes da como resultado una película sabrosa para el paladar del espectador.

Lo peor: las fotografías que sirven de collage en los títulos de crédito parecen poco trabajadas a primera vista en cuánto a recorte, factor que después se compensa con el grafismo global y las inserciones que sirven de título a los distintos capítulos.

Puede que te guste si viste… por su sutilidad, sensibilidad, naturalidad y personalidad, y por no querer ir más allá con grandes historias sino partiendo de la propia realidad recuerda a las películas intimistas pero de gran resultado comercial de Jean-Pierre Jeunet, fundamentalmente el título Amélie (aunque sin el punto onírico de ésta).

Valoración: 8.

(Texto de 2009)

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Author: Vanessa LP

Llicenciada en Comunicació Audiovisual per la Pompeu Fabra, la meva trajectòria professional s’ha encaminat més cap a la comunicació corporativa, tant en l’àmbit públic com en el privat. No obstant això, la meva passió pel cinema ha fet que sempre estigui connectada amb l’actualitat audiovisual i la seva pràctica, a través de formació en Anàlisi de Guió i Crítica Cinematogràfica, la col·laboració en projectes audiovisuals i la participació en certàmens i festivals. Vaig formar part del Jurat Jove del Festival de Sitges l’any 2013 i, més recentment, del Festival Americana el 2017. Al 2009 vaig col·laborar en l’espai web enelcine.es escrivint crítiques de forma setmanal i des de març de 2017 col·laboro a la revista de cinema El Cinèfil, amb textos sobre llargmetratges i curtmetratges. Sigui en format curt o llarg, considero que el cinema és una eina profundament poderosa per a transmetre idees, emocionar i reflexionar sobre la nostra realitat.

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