Crítica: Háblame de amor

Cartel

Con tan sólo 27 años, el joven actor y director Silvio Muccino se sitúa por primera vez detrás de la cámara para llevar a cabo una adaptación de su propio libro, de título homónimo.

CANTO AL NEGATIVISMO, AL DRAMA Y A LA MISERIA HUMANA

La película narra la historia de Sasha, un joven que se ha criado en una comunidad para drogodependientes, donde perdió a sus padres y a su soporte paterno-familiar, y que ahora debe luchar por sobrevivir y seguir adelante. No es una lucha material y física, sino más bien una lucha emocional, sentando la base de un equilibrio y una armonía internos que le permitan perder sus miedos y abrirse a la vida. Junto al protagonista se dibuja el personaje de Nicole, una mujer igualmente encerrada en sus propios temores que intentará ayudar al joven a seducir a Benedetta, de la misma edad que el chico y presa de una vida dominada por el abuso de las drogas y las riquezas para ocultar una identidad tan frágil y vulnerable como el resto.

De esta manera, Háblame de amor se constituye como una historia que poco tiene que ver con su título: las expectativas del espectador, sustentadas por los materiales de promoción del film (tráiler, sinopsis, etc.), no se corresponden en absoluto con el producto final, donde la máxima nota vital y de ternura está representada por la presencia canina.

La presupuesta comedia romántica se convierte en un drama total y exacerbado, donde los personajes nos son presentados como pobres títeres que se ven obligados a dormitar en el cruel escenario de la vida. Es verdad que la existencia humana no es de color de rosa ni las cosas son siempre tan fáciles pero… ¿es necesario que todo en la película se tiña de drama, con todos los personajes sumamente decadentes y con grandes traumas que no logran superar?

Aunque sin innovar en nada (puesto que muchas otras películas se han servido ya de ello), la escenografía es uno de los elementos más destacados del film. El hábitat de los personajes funciona como analogía de su fuero interno: la casa donde vive y trabaja Sasha y la habitación que define a Nicole y donde ella tan a gusto se siente tienen en común ese aire anticuado, kitsch y pasado de moda. De la misma manera que el escenario, los personajes forman parte de un mundo con el que no se sienten identificados; son personas con miedo a vivir, ancladas al pasado y a sus propios fantasmas.

Respecto a la atmósfera de sensualidad que se le quiere atorgar al film, la actuación más destacada es la de Aitana Sánchez-Gijón, que con su gestualidad y movimientos consigue definir una estela de atracción adecuada – aunque su habitual tono de voz eternamente susurrante (sobretodo en la versión doblada) puede llegar a irritar a más de un espectador.

Por último, cabe resaltar la banda sonora, digna de una gran superproducción americana pero que quizá para esta película sirva para evidenciar más uno de los puntos débiles de la cinta: llegar a ser demasiado pretenciosa.

Concluyendo, nos hallamos ante una película que, lejos de responder a los cánones de comedia romántica, se pierde por el discurso más dramático de la historia y por el tratamiento más traumático de los personajes.

Lo mejor: la dirección de fotografía, la dirección de arte y la banda sonora.

Lo peor: escarbar en la llaga para acabar constituyéndose en “el drama por el drama”.

Puede que te guste si viste… El ambiente sumamente decadente, situando al protagonista en una casa que “se muere” por dentro, invadida por los matorrales y las grietas, recuerda aquella grandiosa mansión donde se desarrolla gran parte de la historia de Grandes esperanzas; y el retrato de la miseria humana evoca algunas escenas de Eyes wide shut, baile de máscaras incluido.

Valoración: 4.

(Texto de 2009)

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Author: Vanessa LP

Llicenciada en Comunicació Audiovisual per la Pompeu Fabra, la meva trajectòria professional s’ha encaminat més cap a la comunicació corporativa, tant en l’àmbit públic com en el privat. No obstant això, la meva passió pel cinema ha fet que sempre estigui connectada amb l’actualitat audiovisual i la seva pràctica, a través de formació en Anàlisi de Guió i Crítica Cinematogràfica, la col·laboració en projectes audiovisuals i la participació en certàmens i festivals. Vaig formar part del Jurat Jove del Festival de Sitges l’any 2013 i, més recentment, del Festival Americana el 2017. Al 2009 vaig col·laborar en l’espai web enelcine.es escrivint crítiques de forma setmanal i des de març de 2017 col·laboro a la revista de cinema El Cinèfil, amb textos sobre llargmetratges i curtmetratges. Sigui en format curt o llarg, considero que el cinema és una eina profundament poderosa per a transmetre idees, emocionar i reflexionar sobre la nostra realitat.

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