Crítica: Whiplash

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En la obra teatral Pigmalión (y en su representación en el cine, My Fair Lady – G. Cukor, 1964) ya aparecía la figura del maestro que, lejos de considerar a su objeto de estudio como sujeto, pretendía moldear a la criatura a su gusto con el simple fin de demostrar – y demostrarse a sí mismo – la transcendencia de su acto. Whiplash (Damien Chazelle, 2014), aunque con un desarrollo muy distinto y centrando la mirada en el joven músico aprendiz, explota hasta el límite esa premisa. En este caso, protagonista y antagonista, aunque contrarios, se ven movidos por un mismo objetivo: encontrar algo cercano a la perfección, representado por una figura que destaque brillante entre la masa, que de sentido a su existencia de búsqueda constante, y que les ofrezca la posibilidad de transcender a su tiempo, uno por virtuoso y el otro por ser el empuje de su aparición, el autor de su descubrimiento.

Whiplash se constituye como una película de luces y sombras; literalmente, con el trabajo de fotografía, de contrastes marcados y duros, y argumentalmente, diseccionando el arduo proceso del protagonista por sobresalir y triunfar en la música. Tema del cual no solo nos habla la banda sonora, sino también la puesta en escena: el movimiento de la cámara, la disposición de los planos y el ritmo del montaje. La edición delirante del detalle que destacó en Réquiem por un sueño (D. Aronofsky, 2001) es usada también aquí para expresar la ansiedad del protagonista, la fragilidad de la oportunidad y la dureza de un mundo artístico de máxima exigencia. El montaje es también un baile al compás de las piezas que la orquestra toca: dinámicos y armoniosos travellings acompañan la melodía de los instrumentos de viento y frenéticos cortes de planos detalle marcan la cadencia de la batería. El ritmo se encuentra también en el propio cuerpo de los actores, que se mueven y vibran al son de las notas musicales: el protagonista (Miles Teller) mantiene el compás y ofrece una sufrida interpretación; el antagonista (J. K. Simmons) interpreta el papel de villano con cada mirada, cada paso, cada golpe de cabeza y cada convulsión. Esfuerzo, trabajo, sangre y sudor en los cuerpos que traspasan la pantalla. El fondo y la forma se encuentran en perfecta sintonía.

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Author: Vanessa LP

Llicenciada en Comunicació Audiovisual per la Pompeu Fabra, la meva trajectòria professional s’ha encaminat més cap a la comunicació corporativa, tant en l’àmbit públic com en el privat. No obstant això, la meva passió pel cinema ha fet que sempre estigui connectada amb l’actualitat audiovisual i la seva pràctica, a través de formació en Anàlisi de Guió i Crítica Cinematogràfica, la col·laboració en projectes audiovisuals i la participació en certàmens i festivals. Vaig formar part del Jurat Jove del Festival de Sitges l’any 2013 i, més recentment, del Festival Americana el 2017. Al 2009 vaig col·laborar en l’espai web enelcine.es escrivint crítiques de forma setmanal i des de març de 2017 col·laboro a la revista de cinema El Cinèfil, amb textos sobre llargmetratges i curtmetratges. Sigui en format curt o llarg, considero que el cinema és una eina profundament poderosa per a transmetre idees, emocionar i reflexionar sobre la nostra realitat.

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